domingo, 16 de diciembre de 2012

El Embarazo y sus Vicisitudes Psicológicas



Mtra. Mónica López Peñafiel.

El propósito fundamental del presente artículo es resaltar la importancia de una atención psicológica oportuna durante el embarazo para prevenir diversos trastornos emocionales en la mujer embarazada que van a ser un factor determinante en el vínculo que esta madre establecerá con su bebé, así como en el desarrollo físico y emocional de éste.

En realidad es muy poco lo que se habla acerca de los procesos emocionales internos que tienen lugar en el embarazo. Hay un creciente énfasis en lo biológico y se pone muy poca atención a lo emocional. Los tratamientos de fertilidad son cada vez más sofisticados, al igual que los métodos para monitorear todo el desarrollo del bebé mientras está en el útero materno. Los ultrasonidos son cada vez más frecuentes y más necesarios. Hay una excesiva preocupación por el estado fisiológico del futuro bebé y muy poca preocupación por el estado emocional de la futura madre que se encuentra en uno de los estados más vulnerables de su vida.

Escuchamos todo el tiempo que el embarazo es el mejor estado de la mujer, y por consiguiente se espera que todo en ella sea paz, entusiasmo y felicidad. Casi no se habla de los procesos psicológicos internos ni de las ansiedades y temores que experimenta todo el tiempo la mujer embarazada. Hay una enorme falta de apoyo y comprensión por parte del "instruido" entorno. Todo este desapego emocional cierra importantes salidas para la elaboración de las ansiedades internas y priva a muchas mujeres de una apropiada expresión y resolución de sus dificultades emocionales.

En las últimas décadas se han realizado varios estudios en donde se ha encontrado que hay una relación importante entre la depresión materna y el desarrollo cognitivo, motor y emocional del niño. Las madres deprimidas tienden a interactuar menos con sus bebés, se les dificulta mucho el maternaje y la crianza; éste es sólo un ejemplo de la enorme influencia que tiene el estado emocional de la madre en el destino de esa criatura que está por nacer.

Algunos psicoanalístas especializados en el tema consideran el embarazo - al igual que la pubertad y la menopausia - como un período de crisis que trae consigo profundos cambios psicológicos y somáticos. Estas crisis representan pasos muy importantes en el desarrollo de toda mujer, ya que nuevas tareas de adaptación la confrontan y emergen conflictos no resueltos de fases tempranas del desarrollo. El resultado de estas crisis es de la mayor importancia para el dominio de la fase que inicia, que sería: la madurez en la pubertad, el envejecimiento en la menopausia y la maternidad en el embarazo. Estas crisis son la zona de prueba de la salud mental.

El embarazo es una etapa sumamente difícil, ya que la mujer embarazada como ya se mencionó, se encuentra muy vulnerable no sólo físicamente sino en lo emocional. Se reactivan en ella conflictos inconscientes que tienen que ver con factores implicados en el embarazo y con la reorganización intrapsíquica que tiene que hacer para volverse madre.

Dentro de ésta crisis, obviamente los problemas de la futura madre y sus conflictos neuróticos significativos sobresalen, se acentúan.

En muchos casos, la reorganización del equilibrio psíquico todavía no tiene lugar cuando nace el bebé y estos trastornos en la actitud de la madre hacia el recién nacido pueden llevar a que se establezca un círculo vicioso en donde se den mutuas reacciones negativas de frustración y rechazo entre la madre y el bebé.

Otro aspecto muy importante es el aspecto social. Actualmente se ha dado un aislamiento considerable de la familia moderna, hay muy poco apoyo del entorno y todo recae en la pareja, la cual muchas veces no es capaz de sustituir a todas esas figuras. Tener hijos es cada vez más difícil debido a las enormes exigencias del mundo actual en que vivimos. La mujer de ahora no sólo tiene que ser una madre para sus hijos sino también tiene muchas veces que ser proveedora, lo cual genera más angustia, así como sentimientos de impotencia y desesperación.

El embarazo es una crisis que afecta a todas las mujeres embarazadas sin importar su estado de salud mental. El resultado de esta crisis va a tener profundos efectos en la temprana relación madre-hijo.

Para muchas mujeres, el embarazo y el nacimiento del bebé son cambios que las llevan hacia una mayor madurez y a un incremento en su autoestima. Para otras pueden darse soluciones más patológicas que terminen en una temprana relación madre-hijo potencialmente dañina y cargada de culpa.

El primer embarazo sobre todo, es una época de mucha angustia, es un punto de no retorno, ya que la mujer no va a volver a ser una unidad única e independiente, comienza la irrevocable e inalterable relación madre-hijo. La mujer embarazada requiere de mucho apoyo físico y emocional para que ella a su vez pueda dárselo a su hijo.

El embarazo no es un proceso estático, es un proceso que va a pasar, física y emocionalmente. Fisiológicamente es la confirmación de que se tiene un cuerpo sexualmente maduro capaz de reproducción. Pero esto no implica que se tenga un Yo igual, emocionalmente maduro, capaz de comprometerse con las responsabilidades de la paternidad.

El embarazo es también, el principal punto de prueba de la relación madre-hija. La embarazada tiene que ejercer el rol de madre para su hijo, mientras tiene que seguir siendo una hija para su madre. Despiertan tempranas identificaciones con su propia madre. Al mismo tiempo, la relación real con la madre puede cambiar y madurar con el nuevo entendimiento de las tareas que demanda la maternidad.

Aún el embarazo más esperado y feliz está acompañado de ansiedad por la realización de que eventualmente el bebé va a ser parte del mundo externo, movilizándose así ansiedades de separación en la madre.

Después del alumbramiento viene un período de ajuste al sentimiento de vacío que deja el bebé dentro de la madre. El cuerpo de la mujer que acaba de dar a luz debe cambiar otra vez para volver a sentirse completa.

La madre tiene que reconocer al bebé como un individuo separado de ella. La alegría y el alivio del parto frecuentemente van seguidos de un período de depresión, el cual se superará con la ayuda y el apoyo de la pareja (si es que la hay) y de los familiares cercanos.

Las fantasías que se tienen durante el embarazo así como las dificultades del parto, son rápidamente reprimidas y olvidadas.

La tarea del embarazo puede ser abrumadora, sobre todo si la mujer es muy joven e inexperta y si no cuenta con el apoyo y la contención de un entorno suficientemente bueno que la haga sentirse acompañada y protegida en este proceso.

En conclusión, se puede afirmar que es sumamente importante que se pueda brindar un adecuado cuidado psicológico como parte del programa prenatal para prevenir un fuerte desequilibrio emocional en la mujer embarazada y favorecer un vínculo madre-hijo mucho más sano.

La intervención terapéutica oportuna durante el embarazo, da la posibilidad de identificar la calidad del vínculo que está estableciendo la madre con su bebé y de ésta manera se pueden prevenir alteraciones importantes en el vínculo y se pueda evitar que ocurra un abandono emocional o incluso situaciones de maltrato parental.

Las intervenciones clínicas tempranas tienen un alto valor preventivo y pueden influir notablemente en el estado emocional de la madre, evitando así, en gran medida, la génesis de la psicopatología infantil.

2 comentarios:

  1. Qué tal.
    Éste es un tema que últimamente me ha interesado bastante, la infancia y la relación madre-hijo. Me gustaría saber qué textos psicoanalíticos se pueden revisar sobre el embarazo, y si existen algunos textos que expliquen las implicaciones que tiene el embarazo de una psicoanalista en su labor.
    Un saludo.

    Juan José Ricárdez.

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  2. Excelente texto, muchas felicidades!

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